La violencia social, un flagelo que no para de crecer

La violencia social, un flagelo que no para de crecer

La violencia social es un fenómeno que se ha ido incrementando con el correr de los años en la Argentina. Uno de los lugares donde más se sufre este flagelo es en la administración pública, donde suelen explotar las falencias de un Estado ausente que escamotea los servicios básicos a la población. Los hechos violentos son una epidemia que se sufre en todos los niveles de la vida sin distinción de raza, género, credo o condición social. Hoy se pueden advertir agresiones en las calles por cualquier motivo, pasa con los policías en cada manifestación popular, con los docentes en las escuelas con las organizaciones populares en los piquetes y cortes de tránsito. Entre tanta barbarie, el médico y el personal de Salud en los hospitales, también son blanco de esta situación en forma permanente.

Según hemos podido comprobar desde este programa de radio en un recorrido por los centros sanitarios que dependen del gobierno de la Provincia de Buenos Aires, y de acuerdo a lo que afirman los gremios de la Salud, entre tres y cuatro médicos por día son agredidos físicamente por pacientes o familiares de ellos en las instalaciones de los nosocomios públicos o privados. De esos ataques que se suceden en forma cotidiana, solo uno es denunciado formalmente, mientras que los otros quedan en la nada por el creciente temor a represalias que pueden tener en caso de notificarlo legalmente.

Tan crítica es la situación, que en medio de la crisis económica que atraviesa la Argentina de un tiempo a esta parte, el nivel de conflictividad ha llevado a que 6 de cada 10 médicos o enfermeros que trabajan en los hospitales del Gran La Plata, han sufrido a lo largo de los últimos tres años algún episodio de violencia en su contra. Estos ataques se ven en forma de lenguaje ofensivo o amenazador, actos de intimidación física, golpes, y el uso de pistolas o armas blancas. Los lugares elegidos para este tipo de agresiones, son las Salas de Urgencia y de Espera, que es donde se suele aglomerar mayor cantidad de gente que busca atención médica.

La situación en la provincia de Buenos Aires en materia sanitaria y de Salud es gravísima, sea en La Plata, en el conurbano o en el interior de la provincia, la situación se repite de una manera sistemática. Si bien es cierto que venimos de una grave crisis que no viene de ahora, sino que viene de arrastre de varias décadas, y donde la gobernadora María Eugenia Vidal recibió un estado de situación catastrófico en los hospitales públicos de la administración de Daniel Scioli, el gobierno de Cambiemos poco y nada ha hecho para solucionar los problemas. Estamos en una situación con cierres de servicios, guardias que no funcionan, que son faltas de respuestas a la salud de la población y eso va en desmedro de la sociedad en su conjunto. Uno de los problemas centrales en esta situación es sin dudas la salarial, ya que los sueldos son muy bajos; otro problema central son las malas condiciones en que se desarrolla la tarea, y esto va tanto para pacientes para trabajadores; y otra situación son la creciente falta de insumos para poder desarrollar en forma normal la tarea en los 80 hospitales públicos bonaerenses.

Una de las primeras cosas que se deberían hacer es este sentido, es legislar en virtud a que cualquier persona que agrede a un servidor público, sea médico, enfermero, policía, docente, no puede agredir impunemente sin tener consecuencias por sus actos. A la cabeza se me viene un caso terrible en la ciudad de La Plata y que tuvo amplia cobertura en los medios nacionales, donde los médicos del Hospital San Martín recibieron a una persona que ya había llegado fallecida que provino del Servicio Penitenciario de la región, y la familia impunemente agredió al médico que salió a explicarles que el paciente ya había llegado muerto al hospital y que no tenían nada para hacer de su parte para salvarlo, lo patearon en el piso y cuando lo golpeaban el personal médico estaba rodeado del personal del mismo Servicio Penitenciario Bonaerense y también personal de seguridad y policía que habían concurrido al hospital. Lo peor de todo esto es que después de que recibe la agresión el médico que estuvo ahí en ese momento, al otro día cuando marca la tarjeta de que se está retirando de la Guardia del Hospital, se encontró con el agresor nuevamente, o sea que acá se agrede impunemente al servidor público y no tiene ningún tipo de pena.

El Estado tiene que proteger a aquel que cumple una labor pública. El problema de la violencia contra el personal de la salud, no concierne solo a nuestro país, sino que es muy grande en toda Latinoamérica, en Venezuela, en México, en Brasil o en Chile, tienen los mismos problemas. Los hospitales están totalmente deteriorados, con falta de insumos, sueldos malos, falta de personal a la hora de atender a los pacientes, entonces la gente concurre a los nosocomios que dependen del Estado y le demoran la atención o no encuentran la satisfacción que deberían tener en lo que es la asistencia del hospital público, y se la agarran con los más indefensos, que son los que ponen la cara, que son el médico o el enfermero que se encuentran en la Guardia.

Son numerosos los hechos de violencia, y aquí en el Gran La Plata ha habido sucesos cargados de dramatismo, tanto en el Hospital San Martín, el Hospital Gutiérrez, el Hospital de Gonnet, el Hospital de Romero, el Hospital de Berisso, en el San Juan de Dios, en el Hospital de Niños Sor María Ludovica. Haciendo un poquito de memoria, recuerdo cuando en el San Juan de Dios hace no mucho tiempo atrás hubo un episodio en donde entró gente armada que querían liberar a un preso que estaba cumpliendo un período de internación en el Hospital, y hubo un asalto a una sala, tomaron una sala de internación. Lamentablemente, la violencia, conjuntamente con las malas condiciones laborales, el asedio judicial que tienen los médicos, y los muy malos pagos, termina siendo un cóctel muy feo que termina matando la vocación médica, y que hace que cada vez sea más difícil encontrar médicos que quieran ocupar cargos en hospitales dependientes del Estado.

Lo primero que debería hacer el Estado para detener este problema, es hacer una legislación, para generar una ley que diga que aquel que agrede a un servidor público, tenga una pena no excarcelable; tiene que haber legislación que proteja y que el que agrede no entre por una puerta y salga por la otra como pasa en la actualidad, más allá de que para algún garantista esto que digo suene a argumento fascista o autoritario. Segundo, se deben mejorar las condiciones laborales, edilicias y de insumos en todos los hospitales. Tercero, tener la cantidad de personal adecuado para asistir a la cantidad de demanda que tienen los hospitales, aumentar la cantidad de médicos y de personal sanitario, y para lograr mejorar esto se debe mejorar la calidad de las condiciones salariales de los médicos y de los trabajadores.

Si esto último que nombré no se hace y no se ejecuta, los hechos de violencia seguirán en ascenso, ya que la gran cantidad de personas que han caído en la pobreza, han optado por el hospital público como única forma de atención primaria, incrementando aún más los problemas de una violencia que en vez de amainar, se generaliza a pasos alarmantes.