LA UNLP CAMPEONA MUNDIAL EN CIENCIAS DE LA TIERRA, OTRA VEZ

LA UNLP CAMPEONA MUNDIAL EN CIENCIAS DE LA TIERRA, OTRA VEZ

Al igual que el año pasado, dos estudiantes de geofísica de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), obtuvieron el primer puesto en el SEG CHALLENGE BOWL en la ciudad de Houston, Texas, compitiendo contra las universidades más prestigiosas del mundo. La competencia internacional es organizada por la Sociedad de Geofísicos de Exploración (SEG, por sus siglas en inglés) de origen norteamericano.

En este caso fueron Sol Bejaran y Rosario Etchegoyen quienes, a partir de ayer, se convirtieron en las nuevas campeonas mundiales de geociencias, ya que de ésta competencia participan también estudiantes de grado y doctorado de geología, ingeniería y carreras afines a la industria petrolera de todo el mundo. El orgullo no es solo por tratarse de estudiantes locales, sino porque además vuelven a poner en evidencia el rol de las mujeres en las carreras de ciencia, siendo el único equipo compuesto íntegramente por mujeres.

Esta competencia no es la única en su estilo a nivel mundial, pero tampoco es la única en la que estudiantes de la Facultad de Ciencias Astronómicas y Geofísicas de la UNLP tienen protagonismo. Este año, una de las flamantes campeonas, Rosario Etchegoyen, junto a Gonzalo Blanco y Macarena Amaya, recientes egresados de la carrera de grado, compitieron en Londres en un concurso similar organizado por la EAGE (European Association of Geoscientists and Engeneers), prima hermana de la SEG, pero de origen europeo, en donde lograron un gran desempeño.

Estos premios y distinciones se suman a los numerosos premios que ostenta no solo dicha facultad, sino toda la Universidad Nacional y sus investigadores y estudiantes en general, los cuales suelen aparecer en medios locales y nacionales. Resulta evidente que la formación de nuestros estudiantes no tiene nada que envidarle a otras universidades del globo, ni siquiera a las del llamado “primer mundo”. A pesar de eso, nuestro sistema de educación pública y gratuita se encuentra hoy, como tantas otras veces en nuestra historia, en un contexto de desprestigio mediático y desfinanciamiento junto con los trabajadores de ciencia.

Noticias como estas vienen a aliviarnos y es necesario celebrarlas, celebrarnos, porque son el resultado de un esfuerzo conjunto, nacional. Pero también nos debemos preguntar qué sucede con las disciplinas o áreas en las que no abundan este tipo de competencias o premios, qué hay de las disciplinas o trabajos de carácter local, que no tienen por qué importarle al resto del mundo. ¿No poder ganarle a alguien de afuera, significa que esa calidad no existe? ¿o no importa?

El sistema científico nacional está repleto de profesionales capaces de destinar sus esfuerzos a resolver los problemas de nuestro país, y se evidencia cuando esos problemas están alineados con los intereses globales -como los desafíos de la industria petrolera-. Pero hay otros problemas que no coinciden y son -al menos- igual de importantes, porque son los que nos afectan sólo a nosotros, y en los cuales nadie nos va a traer una solución si no nos encargamos. En general, las ciencias sociales y humanísticas son las que abordan buena parte de estos problemas, pero también hay numerosos temas en las ciencias naturales y exactas (las llamadas ciencias duras) en donde ocurre lo mismo.

Algunos casos pueden ser la profundización del conocimiento de nuestro territorio, la producción autosustentable de alimentos, el aprovechamiento de nuestros recursos energéticos renovables o el tratamiento de enfermedades locales, entre otros. En estas áreas los desafíos suelen tener que abordarse desde aspectos multidisciplinares y muchas veces esos estudiantes y profesionales no tienen canales para mostrar sus trabajos, para demostrar sus capacidades. El resultado es que pierden el prestigio del que se vale el sistema y la comunidad para valorarlos y profundizar esas soluciones.

Cómo generar esos canales y valoraciones es problema del sistema científico. Pero la sociedad, que precisa soluciones, no puede quedarse esperando; debe proteger, defender y exigirles a la comunidad científica y a los dirigentes, que guíen sus destinos en el involucramiento con los problemas locales y no creer que desde afuera nos vayan a premiar por ocuparnos de nosotros.