La producción lechera al borde del colapso

La producción lechera al borde del colapso

La producción argentina no da más. Dólar rondando los 60 pesos, tarifazos al por mayor, precios por las nubes, insumos importados que se pagan en moneda extranjera, entre otros temas, hacen que la realidad para la industria sea muy compleja. Como pocas veces antes se ha visto en nuestro país, la población se encuentra atravesando un momento de penuria económica tan, pero tan grande, que hace que sea casi imposible mirar con alguno cuota de optimismo hacia el futuro.

Tomemos cualquier sector de la economía, el lácteo por ejemplo. La Argentina vive una época de vacas flacas, y muestra total de eso es la crisis sin fin que viene atravesando el sector lácteo en los últimos tiempos. Productores al borde de la quiebra, tambos con deudas impagables, líneas crediticias inexistentes por parte del gobierno, intermediarios y comercializadores que llevan los precios por las nubes sin darle nada a cambio al productor, son algunas de las escenas que pueden advertirse en los campos nacionales. De acuerdo a cifras oficiales, el consumo de leche el año pasado se retrotrajo por debajo de los índices del año 2001, cuando se atravesó la última gran crisis económica, dejando en evidencia el delicado panorama por el que pasa la Argentina y el sector productivo en particular.

Desde el sector rural acusan al gobierno nacional de no prestar la debida atención a la caída en la producción lechera, alimentando la concentración del sector en pocas manos. Analizando la situación del sector, puede observarse que el consumo tiene que ver con los sueldos y si los salarios en estos años de Cambiemos han perdido por goleada frente a la inflación, es claro que va a disminuir el consumo de leche, central para los sectores más vulnerables. Con todo esto hay dos perjudicados, que son el productor y el consumidor, porque se está aumentando el precio constantemente, y el productor no recibe más aunque le aumenten los costos, porque así como le crecen los costos de producción a un supermercado en cuanto a gas, luz y agua, esos mismos aumentos tiene el productor que no está recibiendo más que el porcentaje final.

Producto básico para la subsistencia de todas las familias del país, la leche se ha convertido en los últimos años en un negocio centralizado en muy pocas manos, donde lo que reina es el manejo hecho por los intermediarios del sector, que se llevan grandes ganancias, mientras los productores reciben migajas y los consumidores pagan cifras increíbles por un litro en las góndolas de los supermercados. La cadena de comercialización es entonces una de las más injustas que se ve en todo el mundo, ya que mientras el tambero recibe $15,20 por litro de leche, en las heladeras de los autoservicios no baja de los 55 o 60 pesos, a lo que se le agrega que se ubica a este producto al tope de los elementos de la canasta básica alimentaria que más subieron en su precio en los últimos 24 meses.

Según cálculos efectuados por el Observatorio de la Cadena Láctea, el supermercado tiene hoy una rentabilidad en la venta de leche de alrededor del 60 o 70 por ciento, cuando el productor está yendo a pérdida o en el mejor de los casos iguala el precio de la producción del litro de leche, consumando un desfasaje que hace que los consumidores paguen cada vez más caro el precio del producto. Hasta el día de hoy nunca se ha podido sentar al supermercadismo y a la cadena de comercialización en una mesa de diálogo con los productores y la industria. Cambiemos prometió que iba a tratar de hacerlo, y hasta el día de hoy no se logró, y es en esta cadena donde se hace la gran diferencia y se lastima a los ciudadanos.

Esta falta de transparencia en la cadena láctea, ha llevado a que miles de tambos hayan cerrado sus puertas durante los últimos años, y que la actividad se haya convertido en muy poco rentable para el productor. Al no existir en el país un plan estratégico lechero que trabaje en forma conjunta con los tamberos y la industria, los intermediarios reinan y los consumidores pagan un costo muy alto. El resultado es muy claro, un mercado hiperconcentrado que se lleva ganancias millonarias, y tamberos destrozados que no tienen más final que el cierre de sus industrias.

Los reproches a la falta de políticas activas por parte del gobierno nacional para detener la crisis de la lechería en nuestro país se extienden, y abarcan más que nada a la inacción oficial de un plan estratégico en materia lechera. Si bien es cierto que lo de la lechería es un problema estructural, que viene de décadas de atraso, la realidad indica que el macrismo que tanto dice haber hecho por el sector rural, en lo que tiene que ver con el sector lácteo, no ha hecho más que ayudar a que el mismo siga en pocas manos, reinando la falta de competitividad se lo mire por donde se lo mire.

Para el productor tambero, estructuralmente este gobierno podría haber tomado algunas medidas más rápidamente y de mayor envergadura para evitar el cierre de tambos. Esas medidas necesitaban para poder ser efectivas con mayores recursos económicos, y para eso se hubiera necesitado un fondo de salvataje para la lechería y los tamberos que estaban en zonas que se inundaron, o de aquellos tamberos que estaban lejos de las zonas de sus tambos. Esos recursos no estuvieron disponibles y el gobierno decididamente resolvió como política clara y concisa no darle importancia a la lechería, no lo tomó para destinar su mayor cantidad de recursos. Esto llevó a que se crea que cerraron alrededor de 2.000 tambos, con las consecuencias que eso trae para las localidades donde esos establecimientos operan.

Los productores están por estas horas más que al límite, se encuentran literalmente con la soga al cuello, están retrasando al máximo los pagos de los proveedores, con lo cual adquieren una deuda muy grande, donde corren el riesgo de que les corten las cuentas con el gasoil, con el alimento balanceado, donde se ve que toda la Argentina está parada, pero hay un límite y ese límite no se sabe si está a los 20 días, a los 30 días de pago. La preocupación es tan grande porque no les alcanza el ingreso de plata por la facturación mensual para pagar todos sus gastos, entonces están atrasando los pagos, por eso el pedido era de un aporte no retornable para cubrir ese déficit, donde lo único que se quiere es simplemente sobrevivir, no quieren ningún lujo ni nada, sólo quieren pagar las cuentas normales de la actividad lechera.

Una cruda realidad la que atraviesa un sector productivo clave para el país, y que hace que darle de comer a los chicos sus desayunos o meriendas sean un dolor de cabeza para los padres, que deben hacer malabares para darles a sus hijos un alimento tan trascendental para la dieta de los más chiquitos. Panorama complejo el del sector lechero, ojalá que todo cambie y para el futuro podamos pensar otra vez en una Argentina que tal como Ave Fénix, renazca de sus cenizas y la producción y el trabajo abunden a raudales.