El costo del capricho

El costo del capricho

No recuerdo con precisión si tenía 21 años o si ya había cumplido los 22, lo cierto es que al tiempo de trabajar en la venta de propiedades e integrar por un corto periodo una sociedad inmobiliaria, aportando como capital mi trabajo, logré, al poco tiempo, instalar mi propia inmobiliaria y como resultado del éxito en las ventas agrandé las instalaciones, integré un plantel de aproximadamente veinte vendedores y a corto plazo inauguré dos sucursales, la primera en una localidad cercana a la casa central y la otra en una ciudad de la costa atlántica. Este crecimiento produjo el acercamiento de un grupo inversor interesado en el negocio, teniendo por resultado la compra de una cantidad importante de acciones. Al transcurrir el tiempo, cuando todo hacía suponer que la situación favorable de la economía iba a permitir seguir creciendo o al menos mantenerse, nos dimos cuenta que de a poco comenzaba a detectarse el tránsito hacia una nueva crisis económica. Al profundizarse la misma disminuyeron sustancialmente las ventas, lo que generó la idea en los integrantes de la sociedad de repensar las estrategias comerciales. Como resultado de los análisis efectuados por la mayoría de los socios se arribó a la conclusión de que además de hacer los ajustes presupuestarios para bajar los costos de funcionamiento era necesario cerrar la sucursal de la costa atlántica por ser la de mayor costo de mantenimiento y con pocas posibilidades de resultados positivos al corto y mediano plazo. Estas medidas eran impulsadas por el nuevo grupo inversor, integrado por profesionales del área de las ciencias económicas. Para el tratamiento de estos temas se convocó a una reunión de directorio. Con mis flamantes 24 años sentí que estaba pasando del éxito al fracaso vertiginosamente y no podía admitir el cierre de la sucursal. Luego de la exposición de uno de los socios, donde se hizo eje en la situación económica y la necesidad de suprimir costos operativos y por supuesto cerrar la tan mencionada sucursal por su inviabilidad, en una reaccion espontanea, arrogante e irresponsable, para citar alguno de los calificativos que podria enumerar, por lo absurdo de mi reaccion, con voz firme exprese: “yo se como sacar adelante la sucursal”. Se produjo un breve silencio hasta que uno de los socios con voz tranquila, pausada y firme me dijo: “vos sos el presidente de esta empresa desde que nos integramos a la misma, y siempre confiamos en vos. Hemos tenido resultados positivos durante un tiempo, pero ya hace varios meses que no solo no hemos obtenido ganancias, sino por el contrario, tenemos perdidas. Si podias hacer que, pese a la crisis, la sucursal funcionara al igual que la empresa, por que no lo hiciste y de esa forma nos hubieramos beneficiado todos los socios?. Por que cuando la crisis se acentua vas a poder revertir la situación si con un contexto economico mas favorable no lo hiciste?. Me quede en silencio avergonzado por la inmadurez de mi actitud. Por supuesto la sucursal razonablemente se cerro. Han pasado muchos anos desde ese entonces, pero como consecuencia de la profunda crisis economica que actualmente golpea a los argentinos, aquel recuerdo volvio a mi memoria. Por eso, con voz tranquila, pausada y firme le pregunto: Sr. Presidente Mauricio Macri, por que tengo que creer que va a sacar adelante al pais de la crisis economica que Ud. mismo produjo, en los proximos cuatro anos, como promete en el caso de ser elegido presidente nuevamente. Los caprichos o actos de soberbia pueden tener algun grado de tolerancia siendo un nino, adolescente o muy joven, y solo en cuestiones de orden privado, pero de ninguna manera esa tolerancia puede serle concedida al Presidente de la Nacion, cuando esas decisiones irresponsables comprometen el bienestar y la esperanza de los que habitamos esta bendita tierra argentina.

 

CARLOS MARTIN Y C.M.